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Curiosidades del idioma español

El idioma español o lengua castellana, es uno de los idiomas más ricos y por ello también con muchas curiosidades. Tales fenómenos deben atribuirse al extraordinario dinamismo y vivacidad del Castellano, uno de los idiomas modernos más flexibles, versátiles y vigorosos que existen hoy día.

Desde su infancia, el hispanohablante tropieza con rarezas y dificultades, como que el participio pasivo del verbo decir sea dicho, y no decido, lo cual se complica aún más cuando se sabe que los verbos bendecir y maldecir, que son compuestos de decir, cuyo modelo siguen en la conjugación, tienen cada uno dos formas de participio, una regular y otra irregular: bendito y bendecido, maldito y maldecido. Y es necesario saber cuándo se emplea una forma y cuándo la otra. Pero, además, esto induce a preguntarnos por qué no se dice bendicho y maldicho en vez de bendito y maldito, que se supone sería lo lógico. Para que no se queden con la duda, diré que por regla general bendecido y maldecido se emplean en la formación de los tiempos compuestos: "lo ha bendecido la fortuna", "lo ha maldecido una bruja", y bendito y maldito cuando se usan como adjetivos: "agua bendita", "libro maldito".

Imagen de la portada de un libro de gramática, en la que se ve un niño y un perro corriendo Lo mismo hallamos en el verbo romper, cuyo participio debería ser rompido, pero es roto. Sin embargo, corromper, que es compuesto de romper, tiene dos participios, uno regular, corrompido, y otro irregular, corrupto, este último formado con ruptus, que es la raíz latina del castellano roto.

Algo parecido ocurre con el verbo imprimir, que tiene también dos participios pasivos: imprimido, que es regular, e impreso, que es irregular, y ambos se usan en diferentes casos, lo cual hay que tener en cuenta cuando se vayan a emplear.

Interesante es también el caso de un vocablo que tenga dos definiciones, contrarias entre sí. Tal ocurre con el vocablo huésped, que figura en el DRAE, en su primera acepción como la "Persona alojada en casa ajena", y en la cuarta acepción como "Persona que aloja en su casa a otra". Con lo que se da la curiosa paradoja de que dos individuos, el dueño de una casa y el extraño que se aloja en ella, sean recíprocamente huésped el uno del otro.